martes, 4 de agosto de 2015

Sistema de Información Geográfica de Arqueología - SIGDA

El Geoportal del Sistema de Información Geográfica de la Dirección General de Patrimonio Arqueológico Inmueble es una herramienta implementada con la finalidad de atender la demanda de información referida a Monumentos Arqueológicos Prehispánicos y CIRAS. La implementación conllevó a la realización de un proceso de actualización y validación de la información existente, el cual, a la fecha, se viene desarrollando  a nivel de archivo físico y de campo.  En ese sentido, es importante señalar que no se descarta la presencia de Monumentos Arqueológicos Prehispánicos sin catastrar o que se encuentran  en proceso de ingreso al sistema a nivel nacional.  De la misma forma, la información gráfica y alfanumérica referida a CIRAS, se encuentran en proceso de ingreso a nuestro sistema para su posterior validación.

Ortofotos

Asimismo, dentro de los avances tecnológicos introducidos en el Ministerio de Cultura, las imágenes de satélites son complementadas con ortofotos de alta resolución, generadas por técnicas fotogramétricas a partir de fotografías aéreas tomadas con una cámara profesional instalada sobre un drone.  Estas ortofotos permiten generar un registro fotogramétrico detallado y enmarcado cronológicamente, permitiendo rastrear la evolución del Monumento Arqueológico Prehispánico y su entorno en el tiempo.
Monumentos Arqueológicos Prehispánicos: Ingresados al 22.07.2014.
CIRAS: Años 2008, 2009 y 2010, ingresados al 13.12.2013.
Ortofotos generadas con drones14 ortofotos ingresadas 24.02.2014
Fuente: Dirección General de Patrimonio Arqueológico Inmueble.

Responsables del Proyecto

Lic. Luis Felipe Mejía Huamán
Director General (e) de Patrimonio Arqueológico Inmueble
Lic. Nohemí Ortiz Castillo
Directora (e) de Catastro y Saneamiento Físico Legal
Luis Alberto Salcedo Campos
Responsable del Área de Geomática
lsalcedo@mcultura.gob.peTelf: (511) 618 9393 anexo 4156
Documentos
Fuente: Ministerio de Cultura

Patrimonio Cultural
El Ministerio de Cultura tiene por misión la protección, conservación y difusión del Patrimonio Cultural de la nación. Se define a patrimonio como la herencia de cualquier bien, ya sea material o inmaterial, que nuestros antepasados han dejado a lo largo de la historia y que se transmite de generación en generación.
La Ley Nº 28296, llamada la Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación, define al patrimonio cultural de la siguiente manera:
“Se entiende por bien integrante del Patrimonio Cultural de la Nación a toda manifestación del quehacer humano –material o inmaterial- que por su importancia, valor y significado paleontológico, arqueológico, arquitectónico, histórico, artístico, militar, social, antropológico o intelectual, sea expresamente declarado como tal o sobre el que exista la presunción legal de serlo. Dichos bienes tienen la condición de propiedad pública o privada con las limitaciones que establece la presente Ley.”
Desde esta perspectiva, entendemos que patrimonio cultural es el legado constituido por bienes tangibles como los libros, las piezas artísticas y arquitectónicas; del mismo modo, comprende las distintas expresiones como la lengua, religión, valores, costumbres, celebraciones, hasta la danza y la música. Y lo más importante, es que se reconocen a estas manifestaciones culturales ya sean de las comunidades tradicionales, indígenas o afrodescendientes de nuestro país.
Las Direcciones Generales responsables de velar por la integridad, conservación y transmisión de nuestro patrimonio son :
Categorías del patrimonio cultural 
  • Patrimonio material inmueble: se refiere a los bienes culturales que no pueden trasladarse y abarca tanto los sitios arqueológicos (huacas, cementerios, templos, cuevas, andenes) como las edificaciones coloniales y republicanas. 
  • Patrimonio material mueble: incluye todos los bienes culturales que pueden trasladarse de un lugar a otro, es decir, objetos como pinturas, cerámicas, orfebrería, mobiliario, esculturas, monedas, libros, documentos y textiles, entre otros. 
  • Patrimonio inmaterial: Se refiere a lo que llamamos cultura viva, como el folclor, la medicina tradicional, el arte popular, las leyendas, la cocina típica, las ceremonias y costumbres, etc. Se trata de los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, asociados a los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son propios, que son transmitidos de generación en generación, a menudo a viva voz o a través de demostraciones prácticas.
  • Patrimonio cultural subacuático: Son todos los vestigios de la existencia humana con carácter cultural, histórico y arqueológico, que han estado total o parcialmente sumergidos en el agua, en forma periódica o continua, por lo menos durante 100 años.
  • Patrimonio industrial: Se refiere a todos los bienes inmuebles y muebles adquiridos o producidos por una sociedad en relación a sus actividades industriales de adquisición, producción o transformación; a todos los productos generados a partir de estas actividades, y al material documental relacionado.
  • Patrimonio documental: Se refiere a la documentación que se conserva en archivos e instituciones similares. El patrimonio bibliográfico, a su vez, se refiere a los libros, periódicos, revistas y otro material impreso. Aunque en el sentido más estricto de la palabra se refiere a documentos y textos impresos sobre papel, con la nueva tecnología también consideramos como documentos las grabaciones, medios digitales, audiovisuales y otros.
Fuente: http://www.cultura.gob.pe/es/patrimonio

sábado, 13 de noviembre de 2010

Estudiantes de Arqueología, Perú: Dilemas y perspectivas

El Perú es un país inmensamente rico en patrimonio arqueológico. En casi todo su territorio, desde la costa a la sierra y la selva, se pueden apreciar diferentes vestigios arquitectónicos prehispánicos, y oir de los mismos pobladores locales sobre la continuidad cultural de sus tradiciones, algunas de fuerte raigambre prehispánica. Curiosamente, los gobiernos de turno y las entidades encargadas de gerenciar el pasado arqueológico peruano, en materias de protección o investigación, poco o casi nada han hecho o avanzado. Una de las raíces de esta problemática se puede encontrar en la educación universitaria que forma futuros arqueólogos.

Yo soy estudiante de arqueología, en una de las tres universidades de Lima, que enseñan esta carrera*. Después de cinco años de estudios, saldré al igual que mis otros compañeros de aula, con el título de Bachiller en Arqueología. Luego, la universidad nos brinda dos opciones para alcanzar el título de Licenciado en Arqueología: hacer una tesis o esperar que se agrupen 15 alumnos egresados, o sea bachilleres, para tomar un curso de tres meses (llamado Curso de Actualización), luego del cual el alumno tendrá un año de plazo para presentar una monografía, cuya exposición o sustentación ante un jurado, permite la obtención de la licenciatura, grado que le permitirá colegiarse y obtener un código de registro con los cuales podrá ser algún día director de un proyecto arqueológico. En las otras universidades, se le permite al estudiante dar, ante un jurado, un examen oral de preguntas elegidas al azar de un cuestionario recibido con anterioridad.

Para los que han optado por hacer tesis, la situación es un poco más compleja más no imposible de superarla. Confieso, por experiencia propia, que en el campo de la arqueología existen grandes falencias educativas en las universidades nacionales. Hace poco acudí a una conferencia de jóvenes doctores en arqueología, todos ellos peruanos, no mayores de 40 años, que habían estudiado el pregrado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero que habían seguidos sus estudios de postgrado en Europa, la mayoría gracias a una beca de estudios. Todos ellos, estaban de acuerdo en que en el Perú no existía una línea definida de teoría arqueológica y que ellos habían optado por seguir estudios en el extranjero debido a las dificultades educativas que evidenciaban las escuelas de arqueología nacionales.

Debo reconocer que existen en Lima estudiantes de arqueología, nacionales y extranjeros, con excelentes potenciales de estudio y capacidad para desempeñarse con éxito tanto en el campo como en el laboratorio. Lamentablemente, muchas veces las aspiraciones y esfuerzos se quedan a medio camino y los sueños se ven interrumpidos debido a una mala base educativa y falta de orientación por parte de la plana docente. En Lima, de un total de más de veinte estudiantes de arqueología que terminan sus estudios de pregrado, al año, no son más de dos los que sustentan una tesis en los meses siguientes a la finalización de sus estudios.

Así mismo, en términos generales, en Lima no se sustentan más de 4 tesis al año. Y en los peores casos no se presentan tesis, ni se hace el curso de actualización. Queda pues muy claro que en las aulas no se incentiva la investigación científica, columna vertebral de la arqueología como profesión. En el país, existe una gran cantidad de Bachilleres, ya empleados en proyectos arqueológicos, ya dedicándose a la docencia o realizando actividades ajenas a su carrera; así mismo, existen muy pocos licenciados y el número de doctores en arqueología es realmente reducido.

Hacer una tesis no es muy sencillo. Hay estudiantes que tardan varios años (hay casos de hasta cerca de 10!) y por las razones más diversas: la dificultad a que se enfrenta el estudiante con los métodos de investigación, ya que no está familiarizado con la investigación científica (lo que mal se aprende siempre se nos presenta como complicado); la necesidad de conseguir empleo una vez terminada la carrera, empleo que generalmente no es en el área de arqueología; las dificultades para conseguir fuentes de financiamiento para poder salir al campo e investigar; las carencias de los jóvenes al momento de redactar un texto; etc. No sorprende que muchos jóvenes, en vez de sustentar una tesis, opten por el curso o el examen de preguntas ante el jurado para graduarse como licenciados.

Si se empieza dejando a un lado uno de los tres fines principales de la arqueología que es el investigar (para mi los otros dos son la publicación de las investigaciones y la protección del patrimonio arqueológico), el estudiante se aleja del papel del arqueólogo como científico social y pasa, probablemente, al del simple técnico manual dedicado a realizar, por encargo, registros gráficos, o a tomar fotografías, excavar una unidad bajo indicaciones superiores, sin participar en la interpretación o análisis de lo hallado, o a procesar dibujos en programas de computadoras (CorelDraw, AutoCad), a manejar GPS, estaciones totales, teodolitos, etc.

Futuros colegas, vamos a ser arqueólogos, tenemos que aprender a analizar contextos, a proponer hipótesis y a resolver problemas. Dejemos las demás tareas a los topógrafos, diseñadores gráficos, ingenieros, obreros de campo, etc. que siempre han sido un valioso aporte para la investigación arqueológica. Sería perfecto conocer y aprender algo de estas actividades, pero ellas no son el fin o el todo en la arqueología.

En los últimos años, la arqueología peruana ha tenido un boom económico, debido principalmente a las prospecciones o evaluaciones arqueológicas para empresas mineras, petroleras, o de servicio público, como son las empresas eléctricas. Sin embargo, hay que reconocer que estas “investigaciones” son básicamente trabajos de registro que han alejado a los arqueólogos de la investigación pura. En estos escenarios de contrato se han insertado laboralmente alumnos de universidades, atraídos por las bondades económicas que se ofrecen. No está del todo mal, si se toma en cuenta que muchos poseen familias a quienes mantener, deudas que pagar o estudios que solventar. Lamentablemente, este horizonte laboral ha servido para que el índice de tesis o de investigaciones se vea reducido considerablemente en los últimos años en el país.

Amigos estudiantes de arqueología, la primera tesis, después de acabar con el bachillerato, es la primera investigación de muchas que se van a realizar a lo largo de la carrera profesional como arqueólogos. No hay por qué asustarse o dejarse vencer por la flojera o el interés monetario; lo que nos gusta no nos da flojera ni miedo, simplemente nos apasiona. Si no, recuerden no más a los compañeros que han ido a proyectos arqueológicos alejados, en zonas muy remotas y sin paga. Cuántos han pasado frío, calor, enfermedades, accidentes. Cuántos han laborado más de 10 horas diarias, han cargado latas con tierra, han dormido incómodos, aguantando mosquitos, sin baño cotidiano, sin comida adecuada, etc. Con seguridad no regresarán con sus bolsillos llenos, pero vendrán con “experiencia”, que vale más que un respiro económico efímero. La experiencia es el conocimiento ganado, el disfrute laboral y la pasión por la arqueología. Y si somos esforzados en el campo, también tenemos que serlo en la teoría arqueológica y en la investigación científica social.

tomado de Luis Rodolfo Monteverde Sotil
http://revistas.arqueo-ecuatoriana.ec/en/apachita/apachita-14/152-estudiantes-de-arqueologia-peru-dilemas-y-perspectivas